La cámara fotográfica capta escenarios públicos y de cierta intimidad colectiva. Los papeles impresos que salieron del cuarto no son muy divulgados. Todos muestran al Che mientras traza una mirada profunda en el horizonte. En las imágenes  está rodeado de estudiantes y profesores en un periplo que tiende, en apariencias, a lo inédito.

En algunas muestras, el ministro de Industrias del Gobierno Revolucionario, junto a una pequeña comitiva, está a más de un centenar de metros de altura y recorre con la vista un paisaje campestre en el cual convergen sabiduría y ciencia.

¿El lugar?… La cubierta del piso correspondiente a la actual Colección Coronado, la parte superior de la llamada torre de la Biblioteca de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas. Al sitio se asciende luego de subir 52 peldaños. La escalera es estrecha, y después tienen que emplear otra similar, pero de hierro, para alcanzar la azotea. Desde allí se obtiene una completa visibilidad del entorno.

Algunas de las edificaciones circundantes y sus magnitudes son conocidas por el Che desde mucho antes. Sin embargo, resulta la primera ocasión que un estadista de su calibre arriba a la elevación, una de las existentes entonces en el centro de estudios. Todo se infiere porque, a pesar de ubicar en aquellos terrenos la Comandancia General para desplegar las fuerzas rebeldes hacia Santa Clara, el inmueble no estaba construido. También emplazar allí una pieza de  artillería o fusilería, sería funesto para contrarrestar los ataques enemigos, y estaba en los cálculos del jefe guerrillero estacionarse en el lugar.

El Che aclararía el viernes 2 de febrero de 1962, cuando dejó inaugurado el curso escolar: «En este mismo  local tuve la oportunidad de estar dos veces anteriormente […] La primera vez que estuvimos aquí fue en el año  59 […] La segunda vez fue cuando dimos el Consejo que el compañero rector ha citado sobre la composición de clases en la Universidad». La inicial corresponde a la declaración de Doctor Honoris Causa en Pedagogía, mientras la segunda es inferida y la siguiente se refiere al inicio de sesiones docentes. Representó, por tanto, la tercera. La súbita travesía, la que muestra fotografías poco conocidas y de escaso carácter público, constituye  la cuarta. No hay  márgenes a equivocaciones.

Ernesto Che Guevara junto al rector de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, Silvio de la Torre Grovas.
El rector, Silvio de la Torre Grovas(con espejuelos), explica al Che las transformaciones del centro docente villareño. (Foto: Archivo personal de Pichardo Velasco)

Transcurrieron 70 días de la tercera permanencia del Che en la Universidad. A media mañana del viernes 13 de abril de 1962, al concluir un amplio recorrido por industrias villareñas y en la tarde estar invitado a una plenaria azucarera, se apareció en áreas del Rectorado. Lo acompañaban dos escoltas. Ya, miembros de la Junta Superior de Gobierno, lo aguardaban con el ánimo de sostener un intercambio de criterios.

Luis Orlando Pichardo Velasco, entonces estudiante del cuarto nivel preparatorio para el ingreso en Agronomía y secretario general de la FEUC (Federación Estudiantil Universitaria Central) y de la UJC, intervino en aquella reunión relámpago. Estuvo entre los que ascendieron hasta la azotea de la Biblioteca. También, junto al resto de la comitiva de docentes-alumnos, lo llevaron hasta la fábrica de conservas.

—¿Qué buscaba el ministro?

—Realmente no sabíamos a qué venía el Che. En áreas  definitorias de Escuelas y Facultades se ubicaron estudiantes y profesores. No lo guiaban en su recorrido dirigentes políticos y administrativos de la provincia. Solo había allí personal universitario. Nosotros conocimos de su interés unas horas antes. En ese recinto estaban Silvio de la Torre Grovas, el rector; Jorge Monterde Ricardo, Rolando Ruso García, Juan Mier Febles, y Ramón Vázquez Tío, todos profesores, entre otros, y a los cuales me sumé como integrante de la Junta.

«Él quería conocer las posibilidades y la contribución de la Universidad, y sobre todo de carreras de Tecnología, enfocadas dentro del futuro inmediato de la industrialización del país. También indagó por el apoyo que  requeríamos, y habló de la formación integral de profesionales de ingeniería y su vínculo específico con ramas de la economía».

Propósitos exactos

En el concepto del Che de formación de núcleos de desarrollo de fábricas siempre se mostró un fundamento económico para las perspectivas de inversiones y el montaje de tecnologías modernas. Expuso, en su pensamiento, un reclamo de métodos de análisis matemático, de computación y estadística. De acuerdo con el criterio de Fidel advirtió el ministro que jamás el país llegaría a un desarrollo agrícola sin un soporte industrial intensivo.

Después de septiembre de 1962 la Universidad disponía de 22 caballerías de superficie —8 más que una década antes, en la fundación— y contaba con 3316 matriculados. También tenía otras dos Facultades, correspondientes a Tecnología y Ciencias Agropecuarias. Asimismo, incorporó la formación preuniversitaria (preparatoria y obrero-campesina), de carácter piloto, con el propósito de sumar estudiantes que elevaran los conocimientos científico-prácticos para impulsar el dominio de instrumentos y máquinas en las futuras  fábricas que instalaba el país. Por entonces la Universidad accedió a un presupuesto de un 1 617 000 pesos dedicado al montaje de inversiones constructivas.

—Pichardo, pero con el Che, ¿era fácil hablar?

—¡Sí, chico!, un hombre normal que apreciaba la sinceridad y la entrega personal. Ahora, afirmo, tenía una particularidad: con la mirada escrutaba y desvestía al interlocutor. Entrar en cuentos de alante para atrás y mucho menos inseguridad, o mentiras en los planteamientos, era complejo. De inmediato preguntaba: ¿usted está seguro? No admitía titubeos y profundizaba en los argumentos. Así ocurrió cuando el profesor Ramón Vázquez Tío, ingeniero mecánico responsable del montaje y mantenimiento de la planta piloto (centralito) de la industria azucarera  —primero de su tipo en el país en predios de una Universidad—, dijo que al ritmo de avance del proyecto nunca estaría concluido.

Ernesto Che Guevara recorre laboratorio de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas.
En laboratorios y talleres universitarios, sitios escogidos por el ministro de Industrias para comprobar el soporte material que enriquecía la teoría académica. (Foto: Archivo de la Sala de Historia de la UCLV)

«Che sin ocultar disimulos, y tajante, le respondió: “¿Usted está seguro?”, y seguido declaró que la Revolución no abandona ninguna de sus aspiraciones. Después en la planta de conservas dejó también alguna reprimenda. No obstante, siempre lo encontré alegre y transparente.

En la cubierta de la torre el ministro de Industrias lleva, sujeta en la mano derecha, una libreta de trabajo. Ahí dejó asentada parte de sus acotaciones de tres horas de tránsito por la Universidad. Otros apuntes, no dudo, los conservó en la memoria para reclamar datos y cifras en su intercambio de criterios con profesores y estudiantes.

De la planta piloto, recordó Pichardo Velasco, el Che insistió en las «molidas experimentales y su incidencia en la producción azucarera, así como en el vínculo del estudio-trabajo en áreas de tecnología y química y el análisis de los derivados de la caña».

Desde Ciudad de la Habana el ingeniero químico Santiago Ortega Peláez, graduado en 1963, confirmó que el Che, a pesar de esperarse en el centralito, no estuvo allí. Lo referente a la planta piloto, al parecer, el Ministro de Industrias ya los tenía en detalles para proseguir con el pensamiento de Fidel de crear un futuro inmediato de hombres de ciencia por todo el país.

Ortega Peláez destaca en su papelería que el arribo de equipos, sus montajes, colaboración de mecánicos del ingenio Espartaco, en Palmira, y presupuestos tomaron fuerza después de la visita del Che. El domingo 23 de junio de 1963, según referencia la edición de Vanguardia, el rotativo provincial, el Comandante en Jefe estuvo en esa fábrica azucarera de la Universidad. Advirtió que debían establecer centros dedicados a la docencia y la investigación científica, y valoró áreas  de caña de azúcar en fomento.

También el líder de la Revolución preguntó por sus rendimientos agrícolas y recorrió sembrados de maíz híbrido D-61 logrado por la Facultad de Agronomía. Fidel, detalló la nota de prensa, se apropió de cuatro mazorcas para averiguar la calidad de los granos y el cereal obtenido para el consumo humano y animal. También caminó por plantaciones  experimentales y proyectos de ganado vacuno, porcino y avícola de la Universidad en un periplo de unas tres horas, muy similar al efectuado por el Che antes.

Ya por entonces funcionaba el Centro de Investigaciones Tecnológicas del Azúcar y sus Derivados (Citade), destacó Ortega Peláez. La estructura exterior del  centralito, con 100 pies de largo, por 50 de ancho y 60 de altura, con todos los atributos a escala de un ingenio en producción, se concluyó en septiembre de 1964 a un monto superior a los 460 000 pesos. Inicialmente se pensó incluirlo solo en programas de docencia. Sin embargo, sus propósitos ulteriores condujeron a experimentos e investigación teórica y práctica con producciones de azúcar crudo. En el proceso intervenían profesores y alumnos para buscar soluciones a labores agrícolas e industriales, y de derivados en papel, madera, alcohol, levaduras y furfural.

En abril de ese año surgió otro Centro, el de Investigaciones de Ingeniería Mecánica, primero de su tipo en el país, y las líneas de trabajo se ampliaron. De igual modo, la planta piloto y el nuevo Centro afincaron las relaciones con la Estación de Experimentación de la Caña que, desde la Universidad, dirigía el  agrónomo Jesús (Médico) Guzmán Pozo. Ahí se comprobaban las variedades de la gramínea y la utilidad de equipos e implementos manuales para el laboreo en fincas radicadas en la Universidad y en San Bernardo, Calabazar de Sagua. Esos sitios efectuaban análisis en suelos, rendimientos agrícolas, empleo de abonos verdes, fertilización de los campos, el enfrentamiento a plagas y enfermedades y rotura de tierra con arados arrastrados por bueyes y tractores.

 A pasos forzados

El miércoles 11 de mayo de 1962, tal vez el colofón del periplo por la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas, el Che llegó al Aula Magna del centro de estudios de La Hababa, y sostuvo un ameno diálogo con alumnos y docentes de la Facultad de Tecnología. Puntualizó la necesidad de «lograr el técnico de alta capacitación y gran experiencia […], porque en los libros no se aprende nada más que hasta determinado nivel o disciplina». Declaró que no  quería teorías frías, y avizoró el futuro del país con fábricas en perspectivas. Con centros de investigación en funcionamiento los villareños marcaron una pauta, criterio que anotó el Che en la inusitada  «visita exploratoria», según Pichardo Velasco. En esa ocasión, al ministro de Industrias  le «bastaron 20 minutos para advertir las condiciones técnicas existentes en el laboratorio», sentenció el Doctor en Ciencias José Rafael Abreu García, egresado de la primera promoción de la Escuela de Ingeniería Eléctrica, perteneciente a la entonces Facultad de Tecnología de la Universidad Central. El Che «se interesó en conocer qué funciones ejecutaban los implementos de medición, y sobre su aplicación en fábricas.

«Ponderó la dualidad estudiante-instructor que desempeñábamos ante la carencia de profesores y particularizó en la calidad de las prácticas de laboratorio y los tipos de asignaturas básicas de la carrera, así como sus aplicaciones en industrias modernas. Aquello fue un encuentro aleccionador. Imagínese que comenzamos el curso 96 estudiantes, y durante su visita, en segundo año, había 32 y solo egresamos 13 estudiantes», aseguró.

Desde Ciudad de la Habana, el ingeniero químico Manuel Hilario Peláez Rodríguez, entonces estudiante y miembro de la Junta de Gobierno de la Universidad, envió su testimonio. «Cuando el Comandante Che Guevara llegó al laboratorio de la especialidad, apareció junto con Jorge Monterde Ricardo. Venía con dos escoltas, quienes tomaron posiciones a la entrada de la única puerta del local. El ministro de Industrias, quizás con otras palabras, ordenó que “lo dejaran tranquilo”, pues bastaba estar solo con nosotros y se encontraba bien acompañado».

«A la salida del laboratorio, por otra puerta, ya los militares esperaban al Che, con lo cual ese estadista dio una demostración de la confianza que le caracterizaba siempre que se hallaba rodeado por gente de pueblo», precisó.

Al ir nuevamente al discurso que dio apertura al curso escolar 1962-1963, el argentino-cubano tuvo claridad al sentenciar que en un país como el nuestro la «ciencia es, sin embargo, un arma, es un arma que puede utilizarse bien o mal y se utiliza bien cuando está en manos del pueblo», recordó Peláez Rodríguez al retomar ese documento y recalcar la importancia de una visita trascendente e inesperada a la Universidad.

Con Pichardo Velasco queda en el tapete una pregunta:

—¿Qué pasó en la fábrica de conservas?

—Estaba allí, pero mejor pregunta a Mateo López Zada. En las fotografías que tomó para la historia Julio (Manteca) Uriza, del departamento Audiovisual de la Universidad, y por las cuales reconstruyes esos instantes, el Che mira de una manera insistente y escruta la exposición de su interlocutor.

Ernesto Che Guevara escucha explicaciones del director de la fábrica de conservas de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, en 1962.
El Che, con mirada penetrante, escucha las explicaciones de Mateo López Zada, estudiante-administrador de la planta de conservas. (Foto: Archivo personal de Pichardo Velasco)

No queda otra alternativa: hay que encontrar a López Zada, Doctor en Ciencias Agrícolas. La conversación con ese profesor resultó diáfana e ilustrativa. Explicó que llegó a la pequeña fábrica, en las cercanías del actual comedor central y justo en la entrada del Jardín Botánico, por pura casualidad. Allí fue a un trabajo voluntario cuando todavía era estudiante, y de la noche a la mañana se convirtió en administrador al simultanear ambas actividades. La dirección técnica de la instalación pertenecía a la Escuela de Ingeniería Química, y procesaban alimentos, principalmente frutas y vegetales enlatados que destinaban al autoabastecimiento universitario.

—¿Dicen que usted sostuvo criterios divergentes al Che?

—Realmente, ¡no!, cada uno expuso sus posiciones.

—¿Cuál fue el problema?

—En la reunión del Rectorado le comunicaron que entre las instalaciones universitarias en producción existía una planta de conservas, una pequeña fábrica con tecnología norteamericana, y ahora enlataba tajadas y pulpa de mango. No puedo afirmar que el Che probara el dulce, pero en su recorrido quiso ir a la industria, y apareció allí con la comitiva mientras envasábamos los terminados. Hicimos una explicación del proceso y hablamos del equipamiento. Antes del sellado de los recipientes se adicionaba néctar de melocotón. La conserva durante el consumo tenía un sabor agradable.

«El Che me miró fijo, desafiante, y espetó: ”Usted está perdiendo materia prima”, y le respondo, “¿Por qué Comandante?, es acaso por el envase”. “¡Claro que sí!”, indicó de manera respetuosa. De inmediato informé que eso se hace con el propósito de mantener el sabor natural del mango y del néctar que añadimos. “Sí, eso lo sabe cualquiera, pero el país no está en condiciones de pérdidas económicas en laterías y otros recursos. Cuando usted pueda lo distribuye a granel y el consumo será inmediato”, resaltó.

«No hay problemas Comandante, admití. Eso será cuando la fruta esté en su período de cosecha, pero después pasaremos meses sin comer los mangos y vegetales que salen de nuestras plantaciones, y no es igual un producto en conserva que a granel. “¡Tiene razón!”, aclaró el Che, y remarcó que “no podemos despilfarrar nada” y era obligatorio buscar soluciones a todos los problemas con el ánimo de fabricar con calidad y ahorro de materias primas.

«Incluso señaló que no siempre habría latas vacías, y necesitamos de análisis y control de inventarios, de costos, y de disciplina financiera para organizar la tarea diaria de trabajo. Aquello más que un regaño representó una lección económica. Después felicitó al colectivo, y partió hacia otras áreas de la Universidad».

Jesús (Médico) Guzmán Pozo, era estudiante de Agronomía y dirigía la Estación Experimental de la Caña. También tenía una actividad permanente en el departamento de Fitotecnia de esa Facultad. Recordó que al Che lo atendieron allí profesores y alumnos de Zootecnica e Industrias Rurales, y lo guió, junto a la comitiva universitaria, el profesor Guillermo Paneque. También dialogó con algunos estudiantes y circuló por zonas de la vaquería en construcción, así como por instalaciones porcinas y avícolas. Cierto es que el ministro de Industrias no  llegó al edificio docente, aclaró.

La Escuela de Ingeniería Mecánica, días antes del tránsito del Che por la Universidad, abrió su Centro de Investigaciones con laboratorios y talleres para ensayo de materiales y fundiciones dedicadas al funcionamiento de las fábricas villareñas. La noticia recibió el beneplácito del ministro de Industrias, y los incentivó a realizar pruebas profundas en motores diesel estacionarios empleados en bombeo y regadío de agua, así como a la ejecución de criterios técnico económico en equipos de importación.

Conoció de propuestas y estudios de aliaciones de bronce y latones usados en bujías y rodajes de tractores, y en coronas de engranaje y anillas de frenos sincrónicos de transmisión automotriz. El Che aclaró que era una tarea ardua para profesores y estudiantes, pero se ampliaban los conocimientos de ingeniería experimental. El Centro universitario, tal vez añadió el Che, sería un consultor en diseño de maquinarias, soluciones específicas, de tecnologías y motores de combustión interna, hidráulica y termodinámica, necesarios en las empresas cubanas.

El ministro de Industrias, según los criterios de los testimoniantes, salió complacido de aquella histórica mañana en la cual dejó varado a periodistas villareños que no tuvieron acceso a un recorrido exploratorio y de extrema intimidad con la ciencia generada entre universitarios.

Viernes mañanero

La estancia del Che y sus indagaciones en el centro de estudios ocurrió ese día y no otro. Desde el martes anterior transitó por Cristal 19, en la costa  norte entre Las Villas-Camagüey, lugar en el cual especialistas cubano-argentinos perforaban pozos petroleros. También dialogó con trabajadores que construían fábricas del territorio central, entre las que resaltan la Inpud, Sakenaf, Moldes, Troqueles y Dispositivos, Planta Mecánica, Fertilizantes, así como la destilería Dulzaides y Salinera 10 de Abril, en Sagua la Grande, y las minas de Motembo y el ingenio Rigoberto Pérez Leyva —antiguo Constancia(C)—, en Abreus, Cienfuegos.

Un punto trascendente de esas jornadas fue la Escuela Tecnológica de la Ciudad Escolar Abel Santamaría, en Santa Clara, lugar donde conversó con alumnos vinculados con el sector azucarero, y recorrió departamentos y dormitorios. También a un grupo de estudiantes preguntó aspectos relacionados con las disciplinas técnicas y teóricas que recibían, así como el espíritu de superación perspectiva, principalmente en las aulas universitarias.

Quedaba entonces llegar a la alta casa de estudios. Así ocurrió el viernes 13 de abril de 1962 en el horario de la mañana. En la tarde haría el resumen de la plenaria nacional azucarera de la emulación «Jesús Menéndez», correspondiente a la II Zafra del Pueblo, en el cine-teatro Camilo Cienfuegos, en la capital provincial.

Esa es la razón, y no otra, por la cual el ministro de Industrias apareció, con dos escoltas, en ciertos «ribetes» incógnitos a la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas. Dejaría una excusa a los agroindustriales, reunidos desde la mañana, por no asistir a los debates. Así lo explicó en la clausura aunque  nunca ofreció otras explicaciones. En su intervención enfocó críticas al sector porque en períodos de zafra nada se puede preparar de ahora para ahorita. Todo lleva planificación, aseguró.

Aunque otros periódicos cubanos hicieron referencias a la abultada agenda de trabajo del Che por Las Villas, y hasta lo acompañaron a diferentes territorios. Fue la edición vespertina del jueves 19 de abril de 1962 del rotativo habanero El Mundo, el único órgano que resaltó una escueta nota en la cual marca la  presencia del ministro en la Universidad. En la información  no aparece la fecha exacta y las particularidades de la estancia. Sin embargo, todo sucedió el viernes anterior. La fotografía de Manteca Uriza, con texto de Guido de Armas Bermúdez, mostró la imagen observadora del Che, junto a profesores y alumnos universitarios, en un pasaje histórico no muy revelado en el tiempo.

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