Por: Sofía Hernández García

Hoy, la guerra se hace con cámaras y micrófonos, no con bombas y misiles. Los conflictos se inician por rumores publicados en determinados medios de prensa, por noticias manipuladas, imágenes tergiversadas, escenarios construidos.

Para explotar una granada en el campo de batalla, es necesario primero detonar un bombazo informativo y lanzarlo a la cima de las agendas de los grandes medios, colocarlo en el centro del debate internacional.

Así funciona el mundo en pleno siglo XXI, cuando algunas naciones son víctimas del acoso de las transnacionales de la información, solo por no compartir la ideología capitalista y desgraciadamente muestran al mundo una imagen para nada correspondiente con su realidad.

Y es que la prensa, considerada por los teóricos como el Cuarto Poder (para algunos el Segundo), y yo diría que en algunos casos el Primero, es la única con capacidad para transmitir los acontecimientos reales o dibujar escenarios inexistentes.

E nuestra región destacan hoy dos casos típicos de guerra mediática: Venezuela y Cuba. Ambos países, con características muy diferentes y otras comunes, entre ellas el carácter socialista de su revolución y su posición antiimperialista, viven el perenne acoso y tergiversación de su condición.

En la tierra de Bolívar, la prensa opositora y las televisoras de renombre, con el apoyo de intereses externos, ofrecen al mundo un escenario de violencia y agresiones por parte del gobierno, una guerra civil hipotética, que en realidad se reduce simplemente al enfrentamiento entre grupos opositores al chavismo, y las acciones violentas que ellos mismos desarrollan, apoyados por la asfixia económica que enfrenta la nación.

Como ejemplo de ello, el pasado 15 de febrero Venezuela inició un proceso de demanda contra la CNN en Español, pues al decir del presidente Nicolás Maduro: “CNN está promoviendo una intervención general y masiva contra Venezuela”.

En Cuba el método es diferente pero el objetivo no varía. Acá la guerra, más que en las televisoras, se vive desde Internet. Una guerra que presenta a la isla como un territorio devastado y miserable, gracias a la dictadura castrista, un lugar colmado de ignorancia, atraso y limbo político.

En fin, un país que pide a gritos un supuesto cambio de gobierno, de régimen, para alcanzar su “libertad”.

Para realizar su guerra contra nosotros se basan en algunas estrategias comunes: presentar historias tristes y deprimentes sobre “el cubano de a pie”, exponer sus carencias y solo sus carencias (obviando los elementos más importantes), pregonar a los cuatro vientos la falta de libertad de expresión en los medios de prensa oficiales, así como construir supuestas agresiones contra reclusos y aquellos grupos civiles opositores al gobierno que realizan diferentes actividades a lo largo y ancho de la isla.

Las Damas de Blanco, por mencionar alguno, es una de esas agrupaciones que viven de construir el show mediático, donde siempre son la Caperucita perseguida por el Lobo, algo común si quieres vender tu historia.

Entonces, la próxima vez que comience una “guerra”, pensemos primero quiénes fueron los primeros en agitar su bandera o cuáles medios los voceros líderes del conflicto y así entenderemos el por qué está sucediendo justo ahí y no en otro lugar del mundo.

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