Parece renacer en la palabrería reaccionaria de hoy, el rancio término de “centrismo político o tercera vía”. De ello se habla con frecuencia en los medios digitales; quizás se viene azuzando desde los laboratorios secretos de los grandes centros de poder imperialistas que operan a escala global, como tantas veces ha sucedido a lo largo de la historia. Hay quienes aparentemente se adscriben al centro para ocultar el lado derecho del corazón. Hubo una vez un conciliador Zanjón y aconteció un glorioso Baraguá.
No debe olvidarse, por ejemplo, como a fines de la década del 50 en Cuba la CIA desplegó su principal esfuerzo en estudiar detalladamente el amplio abanico de organizaciones y representantes de la oposición a la dictadura batistiana. Un fin práctico resultante de este estudio era determinar quienes podían ser reclutados para sus planes de promoción de la “tercera fuerza” dirigida a frustrar el triunfo de las ideas más revolucionarias. Cabe preguntarse a luz de hoy si este objetivo ha cambiado.
En su libro autobiográfico, el alto funcionario de la CIA, David Atlee Phillips, expresó la paternidad de aquella idea, la creación de una “tercera fuerza”, ni batistiana ni fidelista, de manera que se neutralizaran las posturas más radicales. Así se actuó en la capital habanera: “El jefe de la estación de la CIA me dijo, en una de nuestras poco frecuentes reuniones (…) que había sugerido que Estados Unidos patrocinara discretamente la acción de una tercera fuerza política en Cuba, un grupo moderado entre Castro a la izquierda y Batista a la derecha”.
Como se explica claramente en el libro El rostro oculto de la CIA. Antesala de Playa Girón , una evaluación realizada por el órgano de Inteligencia e Investigaciones del Departamento de Estado, integrante de la comunidad de inteligencia, el 1ro de abril de 1958, expresaba en términos duros e irrespetuosos: “Si el Movimiento 26 de Julio tiene éxito en su intento de derrocar al gobierno de Batista, hay poco acerca de su más alto liderazgo que inspire confianza en que mostrará las cualidades de integridad, moderación y responsabilidad que serán necesarias para restablecer el orden y la tranquilidad en Cuba (…) De esta lucha por el poder, una posible tercera alternativa a la continuación de Batista, o a la instalación de un régimen revolucionario encabezado por Castro, pudiera ser el surgimiento de una Junta Cívico- Militar que expulsara a Batista, pero no permitiera a Castro asumir una posición dominante” .
En carta a Frank País, Fidel definió verticalmente la política de principios ante estos intentos: “(…) ¿Qué nos proponen una mediación amistosa? Respondemos que no hay mediación honrosa, ni mediación patriótica, ni mediación posible en esta lucha” . Es la posición firme del mismo hombre que nos enseñó que las ideas revolucionarias han de estar siempre en guardia en la medida que la humanidad multiplica sus conocimientos.
No hay ni habrá términos medios, conciliación, ni arbitraje posible, con los enemigos de la Revolución que quieren destruirla. Nosotros, los cubanos, sabemos que la Revolución no es un paseo, ni es un parto fácil, es un parto difícil. Una Revolución no es sino una gran batalla entre los intereses del pueblo y los intereses contrarios al pueblo; una Revolución es una gran lucha en la cual todos somos actores, en la cual nadie puede pretender sustraerse, porque sus consecuencias afectan por igual a los que luchan y a los que pretenden ser indiferentes.
Tampoco debemos olvidar las enseñanzas de Fidel de que una Revolución es, sobre todo, un tremendo choque de intereses sociales, es una tremenda lucha de clases sociales; de modo que la herencia más importante y la idea esencial está en ser fiel a los principios, no dejarse intimidar por nada, no permitir que nada ni nadie cambie la línea pura y recta de la Revolución.
A quienes cubren dantescamente de “buenas intenciones” el dardo manipulador de un supuesto “centrismo político”, o lo que es lo mismo, el intento desesperado y solapado de restaurar el capitalismo en Cuba, hay que decirles que la vía verdadera inició el 1ro de enero de 1959 y que nuestro pueblo lleva adelante en esta hora solemne de la patria.

Con nuestro máximo líder revolucionario compartimos en época reciente aquello de que en una Revolución verdadera no hay mediaciones posibles: “Ser o no ser” —creo que dijo Shakespeare en uno de sus dramas. Esa es la alternativa de los jóvenes. Cualquier otra cosa sería vivir en el más idílico de los mundos algunas decenas de años, que en la Historia del Tiempo no serían más que unos segundos”.
* Máster en Cultura Económica y Política.

Anuncios