Norelys Morales Aguilera.─ Un periodista de The Economist, que entrevistó a Donald Trump en el despacho Oval de la Casa Blanca, escribió que “era como estar en un palacio real hace cientos de años con gente entrando y saliendo, intentando captar la atención del rey… Como en una antigua Corte, los asesores se ocupan de suministrar al rey las noticias que más favorecen sus prioridades. Trump tiende a verse influido por la última novedad que recibe, contó el corresponsal.

Siguiendo el símil, el rey Trump tiene su caballería cortesana. Los caballeros de hoy no portan las grandes y pesadas armaduras ni la valentía desde sus acomodados despachos, pero como antaño para estar en la institución se necesita mucho servilismo y mucha plata. Sobre el ideal que los caracterizaba en su decadencia, eran más extremistas que los integrantes del cuerpo que accedían al mismo por alcurnia nobiliaria, aparece en una picelada que desliza Arnold Hauser en su libro erudito “Historia social de la literatura y el arte”.

Es evidente, aunque no llegue al público, que todo eso se da en el cuerpo casi medieval, y que hay una enconada lucha por intereses y por pertenecer al selecto grupo. Entre los que tratan de tener los favores del rey, están unos legisladores, que se ponen el gentilicio de cubanoamericanos, cuando algunos de ellos como el senador Marco Rubio, solo conoce de Cuba la Base Naval-prisión de Guantánamo.

Así lo constató la agencia AP el pasado febrero. Congresistas cubanoamericanos buscan obtener protagonismo nuevamente con la administración Trump. “Hemos tenido más conversación con la gente de alto nivel de Trump acerca de Cuba, que lo que tuvimos en ocho años con los funcionarios de la administración de Obama”, dijo el congresista Mario Díaz Balart a dicha agencia, que añadió que, expertos en el tema Cuba avizoran que Trump encomendará a esos legisladores buena parte de la política hacia Cuba.

El vaticino se confirmó este 20 de mayo. Con tales asesores de la caballería cortesana de supuestos cubanos, cualquiera mete la pata, algo que a rey Trump ni le va ni le viene, siempre que se atenga a su jerga imperial destemplada. Si los comisionados para elaborarle el comunicado a Trump le dicen que “Estados Unidos liberó a Cuba”, distorsionan el pensamiento de José Martí o dicen supercherías sobre el sistema cubano, al rey le suena música a sus oídos.

La intención y la perversidad, de la que participa la caballería con sus empleados-mercenarios isleños, la ratificó el vicepresidente Michael Richard Pence en Twitter, de donde aquí se toma el susodicho comunicado, por lo que este análisis es sobre un documento auténtico.

Según lo rubricado por Trump, “el despotismo cruel no puede extinguir la llama de libertad en el corazón de los cubanos y la persecución injusta no puede atenuar el anhelo de los cubanos por que sus hijos vivan libres de opresión.”

Pence resume los dichos del mensaje: “El pueblo cubano merece un Gobierno que sostenga pacíficamente los valores democráticos, las libertades económicas, la libertad de confesión y los derechos humanos, y mi Gobierno está comprometido en lograr esa visión”.

Los caballeros cortesanos que hoy asesoran a Trump, jamás han mencionado que el pueblo cubano derrotó al colonialismo español y se enfrentó al imperio naciente, que intervino en la Isla para ocuparla e imponer una república, nacida bajo presión con un apéndice constitucional conocido como la Enmienda Platt, que en esencia daba la potestad al gobierno de Estados Unidos y a su ejército, para intervenir en los asuntos cubanos o en su territorio cuando lo tuviera a bien, como lo hizo en varias ocasiones y gobernaba por memorandos desde acorazados.

Cuba conoce sobradamente de valores democráticos, de libertades económicas, de libertad de confesión y de derechos humanos, que los Estados Unidos violan en su territorio. En nombre de ellos los cubanos han muerto más de una vez y derrotaron a la dictadura de Fulgencio Batista impuesta por los Estados Unidos y concluyeron en darse un sistema que privilegia a los seres humanos por sobre el mercado.

Es que en puridad histórica, el 20 de mayo del cual se precian en Miami y exalta el rey Trum, significó el comienzo de “la neocolonia yanqui que tuvo vida hasta el 1 de Enero de 1959”, como adujo la Television cubana, que además, calificó el mensaje de salutación de “ridículo” y “mal asesorado”.

Sin embargo, el mismísimo Trump sabe que los cubanos son “buena gente”, pero por eso mismo, no son bobos, y han visto como con tales pretextos se han sufrido ataques de todo tipo. Por ver claudicar a una nación en su favor, sostienen sobre la población de la Isla un bloqueo económico multimillonario y una base ilegal en territorio cubano, además de una permanente campaña de agresiones sicológicas y descalificaciones.

De modo que si como hicieron otros presidentes de Estados Unidos después de 1959, Trump se deja llevar por por la caballería cortesana, además pachanguera, en su acepción despectiva, no hará ni más ni menos que estar del lado de los sempiternos perdedores.

No hace falta la felicitación y sí el respeto, se le puede decir el rey Trump y su caballeria cortesana.

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