Por Sofía Hernández García

La manipulación mediática es hoy más temible y peligrosa que la lucha contra el terrorismo, que las guerras en el Medio Oriente, que los conflictos en disímiles naciones, precisamente porque esa manipulación es quien las ha construido, el instrumento clave que ha llevado a la palestra pública determinadas “situaciones” y se encarga eficazmente de ocultar sus causas verdaderas.

Teóricamente, constituye la acción y efecto de procurar en los sujetos el desconocimiento o ignorancia y evitar la circulación o divulgación del conocimiento de datos, argumentos, noticias o información, que no sea favorable a quien desea desinformar.

En la era del auge tecnológico, cuando el mundo está a la distancia de un click, la manipulación mediática se establece como un arma muy poderosa, como el pan de cada día de las grandes cadenas informativas a nivel mundial.

Y es que los medios de comunicación se erigen como el mecanismo común que aglutina a la sociedad, sin divisiones de raza, sexo o nivel social, el producto consumido por todos y por tanto el puente que canaliza el qué, cómo, cuándo y por qué se dice.

Con la utilización de elementos como la distracción, el lenguaje simple, explotar el aspecto emocional y sobre todo basar su estrategia en crear un problema y después ellos mismos ofrecer una solución heroica, manejan el flujo informativo de estos tiempos.

En Cuba, donde el boom de determinados sitios digitales independientes marca nuestra imagen en internet, la manipulación mediática se alza como la bandera que enarbola una sociedad cubana sumida en la oscuridad del medioevo, una nación mantenida en la pobreza económica e intelectual por parte de la llamada dictadura del Socialismo.

El más reciente, el caso Karla, la “inocente” estudiante universitaria expulsada por militar en las filas de una organización con ideas opuestas  a los valores de nuestra sociedad.

Una muchacha convertida en Barbie, en muñeca, en la cara bonita detrás de una historia que esconde miles de dólares y cientos de motivos no mencionados, pero conocidos por aquellos que son capaces de analizar un poco más allá del drama emocional de telenovela que muestra dicho suceso.

Drama que al final resulta muy sencillo si lo analizamos basándonos en lo que ya hemos explicado acerca de la manipulación, por ejemplo: solo se nos muestra  aquello que quieren que conozcamos, el aspecto frágil y desvalido de la jovencita.

Nunca se explica que Karla debía saber que el Periodismo es una carrera ideológica, que responde a intereses específicos, intereses que son invariables en cada sociedad o gobierno.

Ponen en su persona ideas que vienen de tierras ajenas y  que lógicamente fueron sembradas por alguien más. Omiten de forma astuta que ella no es más que la modelo de turno de un entramado que funciona hace más de 50 años, y que solo persigue destruirnos desde dentro, porque ha sido imposible hacerlo desde fuera.

Entonces, después de estas palabras, pregúntese usted ­­¿será Karla tan “inocente” o es ya otro modelo manipulable y manipulado dentro de la guerra mediática de este siglo?

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