A sus 77 años y cuatro décadas viviendo en el mismo sitio, María Julia López no recuerda haber experimentado una situación tan difícil como la del pasado martes 24 de enero, cuando alrededor de las nueve de la noche se incendió el viejo edificio multifamiliar —ubicado en la calle Juan Bruno Zayas, esquina a Santa Bárbara (a una cuadra del Boulevard), en Santa Clara, donde residía junto a su hijo José Bernal (Pipe).

Edificio de Santa Clara afectado por el incendio del 24 de enero de 2017.
Los obreros desmontan el balcón donde Pipe y su mamá se resguardaron. El Gobierno de Santa Clara evaluará algunos proyectos para darle nueva utilidad al edificio siniestrado. (Foto: Francisnet Díaz Rondón)

Ahora, más tranquilos, observan las ruinas de lo que fue su casa y repasan el mal momento que aún los golpea. Ambos dormían cuando se desató el incendio; mas, gracias a los desesperados gritos de los vecinos, se despertaron. Pipe bajó para tratar de hallar una salida, pero las llamas ya habían cortado el paso. Solo atinó a ayudar a la anciana para salvaguardarse en el balcón, atrapados por el fuego que avanzaba hacia ellos.

«Los bomberos nos refrescaban con el agua, pues el calor era insoportable. El humo nos asfixiaba. Abracé a mi madre para calmarla hasta que pudieron poner la escalera para evacuarnos. Tenía fe en que nos iban a salvar», cuenta Pipe.

María Julia recuerda cómo se aferró al joven bombero —todo un héroe—, quien, entre gritos y aplausos de los nerviosos espectadores, bajó raudo las escaleras seguido por Pipe.

«Óigame, yo pensaba verme en la funeraria tendida», expresa jocosa la anciana, y añade más seria: «Agradezco mucho la atención del Partido, el Gobierno, el Minint  y vecinos, por lo que han hecho por nosotros. Y aunque perdimos todo por el fuego, albergo la esperanza de tener una nueva vivienda para vivir dignamente», manifiesta.

María Julia y Pipe se trasladaron temporalmente a casa de María Lucía, también hija de la anciana, y recibieron de inmediato camas, sábanas, sobrecamas, vestimentas, módulos de cocina y alimentación, entre otras atenciones. Pero, lo más importante ha sido el amor y afecto en medio de la desgracia.

En el antiguo edifico vivían inicialmente 11 familias. Solo quedaban ellos dos, y la que integran Leonides Rivero, Rolando Aguiar y Danay Cárdenas con sus pequeños Danny Dannier y Dannierys de la Caridad, quienes habitaban en una casa en bajos.

Yaritza Moya, presidenta del Gobierno en Santa Clara, junto a familia damnificada.
Yaritza Moya Caballero, presidenta del Gobierno en Santa Clara (derecha), departe con Leonides y su hija Milagros. (Foto: Francisnet Díaz Rondón)

Desde su nueva estancia en el reparto Capiro, Leonides observa la camioneta dispuesta por el Gobierno de Santa Clara para trasladar los pocos artículos hogareños que pudieron rescatar. De los efectos electrodomésticos, solo el refrigerador salió ileso.

Yaritza Moya Caballero, presidenta del Gobierno en la capital provincial, explica que se ha ayudado a la familia de acuerdo con el aseguramiento con que cuenta el municipio para la asistencia social. Camas, toallas, sábanas, ropas, zapatos, cocina de inducción, alimentos…, y más adelante, sillones, juego de comedor y un escaparate,  son algunos de los productos que, de alguna manera, alivian las necesidades de los damnificados.

A pesar del susto, la familia elogia la atención de todos los organismos, instituciones y las personas que se ofrecieron a ayudar de manera desinteresada.

Familia damnificada por incendio en Santa Clara, el 24 de enero de 2017.
Leonides y su familia con las donaciones facilitadas por las instituciones y personas solidarias. (Foto: Francisnet Díaz Rondón)

Milagros Cárdenas, hija de Leonides, expresa al respecto: «Estamos muy agradecidos de todos. Hemos tenido el apoyo de muchas personas. Desde los vecinos de la calle Zayas, hasta los nuevos de aquí del Capiro, quienes se nos acercaron para ofrecernos su solidaridad. Incluso, hubo gente que no conocíamos que nos dieron sus direcciones y teléfonos para si los necesitábamos».

Leonides y su familia tampoco quieren dejar de reconocer la prontitud con que los organismos y entidades respondieron ante la tragedia. Aún se evalúan los daños en el inmueble y se analizan las proyecciones futuras.

Las familias damnificadas reanudan una nueva vida, pero con el  amor y el optimismo que ningún fuego podrá destruir jamás.

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