Apenas ingresamos a la escuela y aprendemos la consigna que representa para los cubanos: ”Pioneros por el Comunismo, Seremos como el Che”. Y es que siempre pensamos en el Che guerrillero, en el Comandante del Ejército Rebelde, en el hombre que le dio el tiro de gracia a la dictadura de Batista en el centro de Cuba, pensamos en el internacionalista convencido, que no dudó en partir en 1963 hacia el Congo y años después hacia Bolivia.

Pero antes de ese Che hubo un niño como cualquier pibe de su época que por azares de la vida nació en la ciudad de Rosario, Argentina. Sus padres Ernesto y Celia, personas hacendosas tenían negocios en la provincia de Misiones en Puerto Caraguatay y viajan por todo el rio Paraná hasta Rosario para resolver trámites del negocio. Fue en medio de la tramitación para la legalización de un molino yerbatero de mate que a la señora Celia se le presentan los dolores de parto.

Fue así que el 14 de junio de 1928 en la clínica de la ciudad de Rosario nació el primer hijo del matrimonio Guevara de la Serna, Ernestito, el niño que devino años después en un ícono para América Latina y el mundo. Según cuentan sus padres y parientes, Ernesto tuvo una bronconeumonía a los pocos días de nacido que casi muere, a partir de entonces cargaría para siempre con una feroz asma.

Alta Gracia, Córdoba, fue la ciudad que lo acogió durante su niñez, adolescencia y primera juventud, es decir hasta los 17 años, pues el clima allí era favorable para su salud. Tuvo muchos amigos a pesar de ser un niño de la clase media.

Desde pequeño sintió una pasión muy grande por la naturaleza, por los  animales, las excursiones y las caminatas. Fue ateo desde que vino al mundo, rebelde, inteligente y travieso. Entre sus preferencias estaba jugar fútbol, ajedrez y el tiro con arco, además de leer y nadar.

Los ataques de asma se hicieron más seguidos entre los 4 y 6 años, situación que afectó su estabilidad en la escuela primaria, sin embargo su madre tenía la misión de impartirle las clases que perdía. Como niño también le gustaban las actividades de la  escuela, sobre todo las fiestas de disfraces en las que participó con creativos atuendos de indio, de griego, de gaucho, de Martin Fierro, de marqués y hasta de Luis XV.

Para la música era sordo, según sus amigos, pero en los bailes siempre sacaba a bailar a la más fea, pues decía que las feas no podían quedarse sin bailar y disfrutar en una fiesta.

De sus maldades como pibe también quedan sus memorias, según su hermana Celia un día agarraron un gato y le pusieron una sombrilla como un paracaídas y los lanzaron al espacio desde el techo de la casa. Como el animal sobrevivió a la prueba tomaron otro ejemplar, un cachorro de la perra de la casa y repitieron el experimento. Este también sobrevivió, ahora tocaba el turno a su hermanita Ana María que se salvó de un buen estrallón sino hubiese sido por el aviso de los vecinos.

Ese era Ernesto Guevara, el niño que por casualidad nació en Rosario para ser luego de cualquer parte del planeta. Asi fue nuestro Ernestito como lo nombrara, un niño despierto, tierno, feliz, con inclinación a la vida campestre, un infante que  sobrevivió a sus limitaciones de salud para convertirse poco después en uno de los hombres más excelso del siglo XX. Por ello nuestros pioneros repiten una y otra vez que quieren ser siempre como el Che.

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