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Por Glenda Moreno

Con seguridad siempre entendí que la muerte es tan natural como la vida, que por ley de la naturaleza este triste día llegaría, pero de lo que nunca estuve consciente es que fuera a causar tanto dolor, no solo a mí, sino a los revolucionarios de todo el mundo.

Algo no estaba bien la noche del día 25, pues aún bajo los efectos del  medicamento que tomo para la alergia, no podía dormir. Para tratamiento del insomnio comencé a escribir un poema, manifestación para lo que no tengo muchas habilidades. En el noticiero del cierre a las 12:00 am, conozco la tristísima noticia de que el Comandante en Jefe Fidel Castro había muerto, fue entonces cuando sin poder retener las lágrimas, comencé a cantar el Himno Nacional. Con las manos temblorosas y con un nudo en la garganta que me impedía pronunciar palabra alguna, llamé a mis amigos y compañeros de trabajado con la esperanza que alguno me dijera que la noticia no era cierta, pero era un hecho, yo lloraba a escondidas sin que nadie me viera, y lloré tanto como no lo hice cuando murieron mis abuelos paternos.

dostresYa en la mañana del día 26 realicé el compromiso de cumplir con el concepto de Revolución y firmé el libro con tanta firmeza como si fuese a revivir al Comandante físicamente.

El día 28 al terminar el trabajo, fui como muchos cubanos a la Plaza de la Revolución y a las 10:00 PM le di al Comandante no una despedida, sino un “Hasta la victoria siempre”.cuatro

Como una hija más, el día 29 estuve en el acto de masas y escuché los mensajes de varios presidentes; también conocí indignada que la gusanera de Miami celebró su muerte, ingenuos miserables, desconocen que la semilla que sembró Fidel ha retoñado en el mundo entero,  por eso cuando Daniel Ortega preguntó: ¿dónde está Fidel? El mar de pueblo que se encontraba allí, respondió estremecedoramente: ¡Aquí, aquí, Yo soy Fidel!

Ahora entiendo a mi tía cuando hace 7 años con los ojos humedecidos en lágrimas me dijo: “Si yo pudiera entregar la vida de mi padre por la de Fidel, lo haría, porque mi padre solo me hace falta a mi, pero Fidel le hace falta al mundo”. Yo siento que aún lo necesito, y como dice el cantautor Raúl Torres “quisiera gritarle padre mío, no te sueltes de mi mano, aún no se andar bien sin ti”.  Creo que Fidel  le hace mucha falta al mundo,  y si algo no he de olvidar, de las tantas cosas que aprendí de ese gran soñador que rompió con el mito de la utopía, es que con el triunfo de la Revolución Cubana demostró que cualquier sueño por muy utópico que parezca, si es verdadero, se hace realidad.

Hasta siempre Comandante, con la certeza de que solo viajó al futuro una vez más y regresará otra vez multiplicado en millones para iluminar sobre la Plaza de la Revolución cubana y mundial, los jóvenes cubanos sabremos echar pa’ lante con la obra legada y en cualquier lugar donde estemos, sembraremos la semillas de que un mundo mejor es posible.

#HastaLaVictoriaSiempre

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