Por: Marcos Torres.

(Otra vez me ataca este ahogo que no me deja escribir, quizás ahora por la falta de sueño, pero intuyo que es tristeza y de la mala).

Fidel se fue cuando le dio la gana y no cuando nadie en Washington, o en “El Versalles”, o la Calle 8 de Miami quisieron. Se fue de muerte natural, de “viejo”, y como él mismo dijo, a los 90 años. Y así, se burló otra vez del destino y de sus enemigos con una soberana y obstinada galleta sin mano de por medio.

Acabo de ver las imágenes por Telesurtv.net (en directo) de la partida de nuestro Jefe indiscutible. No puedo reprimir las lágrimas y me repito lo que se corea desde ayer en la plaza: “Yo soy Fidel”. No dejo de pensar en la similitud que existe entre esa expresión que tanto encierra y la filosofía de lucha de la Revolución que es la “guerra de todo el pueblo”. Recuerdo que reza que si nos quedáramos aislados bajo cualquier circunstancia debemos decirnos: “Yo soy mi propio Comandante en Jefe” y continuar la lucha con los medios que sean (¡así ¿quién coño no gana cualquier  guerra contra el qué sea?!) Un Daniel Ortega gigantesco en su dolor, que es el nuestro, pregunta ayer al comienzo de su intervención “¿Dónde está Fidel?” y el pueblo le responde “¡¡Aquí!!” y “Yo soy Fidel” así, espontáneamente. Todos saben cual es su deber. No me cabe duda. ¡Fidel sonríe!

Observo a mi pueblo consternado en la certeza del último adiós. Un silencio sepulcral a veces o un corear de voces luego. Una mujer grita desesperada que “Fidel se va, pero se queda con nosotros”. Llanto… Mucho llanto y frío en las manos.

¡Pero yo lo veo! ¡Él va, detrás del armón que carga sus cenizas, sonriente montado en su tanque de cuando Girón, saludando a su pueblo y diciendo: “YO SOY USTEDES. NO ME IRÉ NUNCA. NO ME LLOREN”!

Sus enemigos (que son también los míos) dirán que estoy loco, que allí no iba nadie. Lástima de ellos que no lo ven; ¡LÁSTIMA DEL QUE NO LO VEA!

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Tomado de Las Torres de Marcos

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