«Fidel fue siempre el primero en todo, incluso a riesgo de su vida. He conocido hombres valientes y temerarios, y Fidel está entre los primeros de ellos. Primero en el Moncada, en el Granma, en la Sierra, en los ciclones; en todo. Era un movilizador de masas nato, un ejemplo para Cuba, América Latina y el mundo», así valoró el general de brigada (r) Carlos Carballo Betancourt a quien fuera su jefe desde los días de la Sierra Maestra y a quien ha llorado con el hijo que pierde al padre.

«No he dormido nada desde que supe la noticia. A mis hijos les digo que si son algo hoy en la vida se le deben a la Revolución Cubana, y a Fidel, en primer lugar, que fue su principal artífice», dijo el veterano combatiente con lágrimas en los ojos.

Mientras el capitán (r) Julio López Granado, recogiendo el sentir suyo y el del general Carballo dijo con voz quebrada por el llanto: «Hubiéramos preferido morir primero que el jefe, es un dolor muy profundo, difícil de expresar con palabras. Tenía 14 años cuando me incorporé a la columna bajo su mando y todo lo que soy y son mis hijos y nietos se lo debemos a Fidel. Fidel era, es, el hombre más grande que he conocido y el más humano de todos».

Para expresar palabras tan sentidas, el capitán (r) López Granado sintió la necesidad de vestir el glorioso uniforme verde olivo y poner bajo su pecho las medallas más preciadas, esas que lo acreditan miembro de la Columna 1 José Martí, participante de la Caravana de la Libertad y cumplidor de misiones internacionalistas en varios países de África. Un uniforme que para Julio es como Fidel mismo, por lo que encarna y representa en su simbolismo.
«Fidel era guapo entre los que más. Ni los hombres de su escolta se atrevían a contradecirlo en los combates, solo a Celia Sánchez la vi “regañarlo” en medio de la balacera y decirle con voz enérgica: ¡Fidel, tírate al suelo que te matan!

«Cuba, América y el mundo han sufrido una pérdida irreparable. Con Fidel muere una de las personalidades más extraordinarias de la historia. Pasarán los años antes que surja alguien que se le parezca. Dedicó su vida al servicio del pueblo, de los humildes, de la gente enferma, de la gente olvidada de Cuba y del mundo; puso su vida al servicio de los pobres de la tierra, como decía Martí», afirmó Carballo.

Mientras Julio no olvida la coincidencia de que ayer se cumplían exactamente 60 años de la salida de los 82 expedicionarios del puerto mexicano de Tuxpan: «Partió a la inmortalidad el mismo día en que el yate Granma puso proa hacia la libertad de Cuba. Tuve la oportunidad de estar dos años a su lado, desde enero de 1957, y a sus órdenes vine en la Caravana de la Libertad. Fidel puso siempre los intereses del pueblo por encima de los personales y nos enseñó cosas grandiosas. No esperaba la noticia. Estoy realmente muy triste, como si hubiese de nuevo perdido a mi padre, que realmente también lo fue».

Ambos veteranos sienten el dolor de la pérdida del jefe querido, y la lloran y la seguirán llorando durante los días siguientes. Físicamente han perdido al guía, al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, pero saben que en las manos de Raúl, la Patria y la libertad de Cuba seguirán aseguradas. Tienen esa convicción, y a ella se aferran para seguir adelante en la construcción de la obra iniciada y llevada adelante por Fidel.

«Nos queda seguir trabajando, luchando y ser fieles hasta el último segundo de nuestras vidas para honrar sus enseñanzas y su ejemplo», concluyó a nombre de ambos, el general de brigada (r) Carballo Betancourt.

Al retirarme de la casa de Julio López, ambos quedaron callados, sobrecogidos, mientras todavía las huellas de una lágrima escapada, surcaba el viril rostro de los curtidos combatientes

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