Por Ana Hernández

¡Falleció Fidel!, la noticia me embarga de dolor, de un dolor supremo que una vez antes lo había sentido cuando se fue mi padre y yo era tan joven…Partió Fidel físicamente, y lo hizo 60 años después, el mismo día que desde México salió con la expedición de 82 compañeros en el Granma, dispuesto a dar hasta la última gota de sangre por su Patria.

¡!Falleció Fidel!!  Y golpean mi mente un manojo de palabras que pudieran, tras los minutos del impacto, tomar forma y dedicárselas a uno de esos seres humanos que, como ninguno, le ajusta esta frase: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”.

Hoy, cuando a los 90 años te vas físicamente, entre la vida y la inmortalidad germina tu nombre, que no son solo cinco letras. Se empina un hombre que, por su estremecedora hidalguía, no puedo decir que solo eres cubano, si no universal, porque siempre estuviste al lado de los millones de desposeídos del mundo. Sin dudas eres y serás, Fidel, un ser que abrazó la lucha por la justicia, la lucha del bien contra el mal, te abrazaste, como el más acérrimo martiano a echar tu suerte con los pobres de la tierra.

Al saber de tu partida me embarga un dolor infinito transformado en lágrimas que ruedan por mis mejillas, pasan unos minutos, sigue el dolor, no acaba, pero me fortalezco y me honra haber vivido esta época que nos legaste, agradezco tus enseñanzas, tus valores, tu dignidad que nos pegaste como un escudo para la batalla por más poderoso que sea el enemigo.

A lo largo de estos años he vivido con regocijo supremo verte vitoreado en plazas enormes por multitudes infinitas. Eso me enorgullece, pues has rebasado los límites de esta Patria que tanto has amado y por la que tanto has hecho, para dejar de ser solo nuestro, y convertirte en un hombre de estatura universal.

Como nunca antes nadie lo había hecho, dignificaste al ser humano, para ti no hubo ni negros, ni blancos, ni hombres, ni mujeres, simplemente, para ti, han existido seres humanos, compatriotas, camaradas.

En ti se sintetiza el pensamiento liberador de Bolívar y Martí y, a eso, siempre temieron tus adversarios. Pero más le han temido a tu ejemplo, a ese EJEMPLO que se logra cuando, para emprender una tarea por difícil que fuera, NO decías ve, o vayan, si no decías VAMOS. Siempre eras el primero. Fuiste el Primero  en las luchas universitarias, en el Moncada, en el Granma, en la Sierra, fuiste el Primero en Girón, en la crisis de octubre.

En fin, has sido y eres el primero en la actual guerra que se nos hace, en esa que es a pensamiento, porque aprendiste de Martí que, esa guerra de pensamiento solo se gana a pensamiento.

Hoy, Cuba y el mundo lloran tu partida. Este llanto es necesario.

Decirte: ¡Gracias Fidel! Es muy poco, es nada ante la tamaña obra que dejas a los hijos de esta tierra y de otras latitudes del mundo.

Te fuiste físicamente la noche del 25 de noviembre, casi justo a la hora cuando partiste de México en el Yate Granma, aquel 1956 a liberar el verde caimán que tanto amas…  ¡¿Caprichosa la historia verdad?¡, como para que no baje nunca la proa libertadora y así como el gigante de luz seguirás alumbrando el camino a seguir, que no es más que el de su ejemplo.

En esta hora de dolor infinito no hay chovinismo: Eres  el más extraordinario y universal de los patriotas cubanos de todos los tiempos. Eres el más grande  del  siglo pasado y de este. Uno de los enormes en este planeta. Hasta siempre mi invicto Comandante en Jefe.

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