Pensar que un ser como Fidel Castro Ruz ha muerto es tan absurdo como creer que el sol está compuesto de agua y hielo. Fidel no es de los que muere, Fidel es de los que nace, renace y se multiplica. Así de sencillo, o casi sencillo, que no es lo mismo, pero…

Claro, Fidel es un ser mortal, pero diferente. Muy diferente. Observe a un individuo que viene al mundo, se desarrolla —quizás se multiplique—, y al final muera. Mas, ese individuo pasó por la vida sin más ni más, sin aportar a los otros, sin dejar una huella positiva, sin una sola acción que contribuya a hacer al mundo un poco mejor. ¿Me sigue?

Ahora, imagine a un ser humano que abandone absolutamente todo por el bien de los demás, que se sacrifique por cambiar las cosas malas, que aglutine a miles de personas alrededor de una idea justa, que batalle por todo un pueblo, que se enfrente a fuerzas cien veces más poderosas y las venza y, al final, retribuya libertad, derechos y dignidad a millones de seres humanos.

Evidentemente, dar felicidad a esos millones afecta a otros que no sufrían las penurias de la mayoría y no estaban dispuestos a dejar su confort. Entonces estos no soportan ni admiten que les afecten, ni les importa el bien común (al igual que otros tantos sin riquezas pero plagados de egoísmo). Por supuesto, tienen derecho a reaccionar, maldecir, odiar y desear lo peor a aquel que luchó por el bien de todos.

Sin embargo, el odio y el rencor nunca han sido más poderosos que el amor, la bondad, el humanismo, los buenos sentimientos. Fidel lo supo y continuó luchando por esa idea justa y por construir un mundo mejor, a pesar de las incomprensiones, las maldiciones, las traiciones y las escupidas de veneno. Y llevó ese amor más allá de su patria, a los rincones más insospechados y a las profundidades más oscuras.

Entonces sus ideas y lucha no se enraizaron en su persona, sino se multiplicaron en aquellos que como él soñaban con un mundo de justicia.

Y cuando eso sucede, esa persona nace y renace, una y otra vez, infinitamente, en cada ser humano con al menos una pizca de dignidad plena.

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